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Publicaciones de la Licenciada Claudia Messing

 

“SIMETRÍA ENTRE PADRES E HIJOS. Efectos de la mimetización inconsciente con el adulto a nivel emocional, educativo, vocacional y social.” Editorial Noveduc.

SIMETRÍA ENTRE PADRES E HIJOS. Efectos de la mimetización inconsciente con el adulto a nivel emocional, educativo, vocacional y social.

 

“DESMOTIVACIÓN, INSATISFACCIÓN Y ABANDONO DE PROYECTOS EN LOS JÓVENES. Orientación vocacional y vínculos familiares.” Editorial Noveduc.

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¿POR QUÉ FRACASAN LOS LÍMITES DENTRO DE LA FAMILIA? EL NUEVO ROL DE LA MUJER Y LA SALIDA DEL MODELO AUTORITARIO

1. La familia vuelve a ser un refugio frente a la inclemencia exterior a pesar de la crisis que la atraviesa.
Estamos atravesando todavía las consecuencias desvastadoras que el proceso militar en la Argentina y los años de impunidad, ejercieron y ejercen sobre la identidad de las personas. La actual crisis económica, el proceso de globalización y desocupación con sus gravísimos efectos de exclusión social refuerzan y multiplican la violencia. Se esterilizan los proyectos, se destruye el trabajo como punto de apoyo de la identidad, reina la inseguridad, la falta de garantías, la crisis de valores, etc. Por mi inserción profesional tengo especial contacto con la desorientación vocacional de los jóvenes, con su apatía, con la inconsistencia de sus proyectos y al mismo tiempo como terapeuta familiar con las dificultades que encuentran los padres para contenerlos, acompañarlos, y permitirles desarrollar nuevos puntos de apoyo.
Por otro lado la crudeza y desamparo del mundo externo hace que la familia como institución, vuelva a ser valorada cada día más por jóvenes y adultos como refugio frente a la intemperie del exterior, a pesar de la crisis que la atraviesa. Los que trabajamos en el campo de la salud mental sabemos de la importancia crucial que tiene en la formación de la subjetividad y también que hoy más que nunca necesita ser apoyada.
2. La reacción frente al autoritarismo y la distancia del modelo patriarcal han producido una gran modificación en los roles familiares, pero también una falta de diferenciación entre grandes y chicos que se potencia con las gravísimas dificultades del contexto produciendo todo tipo de patologías.
Los roles del hombre y la mujer han variado sustancialmente. El hombre participa desde el vamos de la crianza de los hijos y desea correrse del lugar del autoritarismo y la violencia, aunque no siempre lo logre. La mujer comparte y en muchos casos soporta en forma autónoma la responsabilidad económica del hogar. También ha crecido en autoestima y confianza en sí misma. Los padres que hoy tenemos hijos jóvenes o adolescentes hemos mantenido y mantenemos con ellos en términos globales una actitud muchísimo mas cercana y dialogal que la que hemos experimentado nosotros como hijos y esto es una conquista que se afianza cada día.
Sin embargo observamos al mismo tiempo síntomas y dificultades en el crecimiento y maduración de los jóvenes que también nos resultan nuevas y desconocidas por su masividad. Como la apatía, la falta de intereses vocacionales, las dificultades crecientes de aprendizaje y el abandono de los estudios, los trastornos de alimentación, los problemas de violencia escolar, el aumento de las adicciones al tabaco y el alcohol en la adolescencia temprana, y muchas otras sintomatologías de origen social. que se producen y explotan en el interior de las familias.
Estas dificultades nos dicen que en muchos casos la cercanía terminó por convertirse en confusión, el diálogo en discusión, falta de respeto y enfrentamiento de igual a igual. Esta falla en la diferenciación entre grandes y chicos, se potencia con las gravísimas dificultades del contexto produciendo todo tipo de patologías Desde las dificultades de aprendizaje en la escuela con sus consecuencias de fracaso y marginación, la carencia o inconsistencia de los intereses vocacionales en la adolescencia, la pasividad y desubicación en el mundo laboral, hasta la violencia, la marginación, la drogadicción, el alcoholismo y la anorexia entre otros males de la época.

3. ¿Porqué tantas veces fracasan los límites dentro de las familias?
¿Porqué a pesar del acuerdo existente acerca de su necesidad resulta tan difícil su implementación concreta? ¿ Porqué inclusive padres profesionales, de clase media, intelectualmente capaces e inteligentes, pertenecientes a una generación con ideales sociales, que aman a sus hijos, no logran ser exitosos en la puesta de límites a pesar de sus intentos? .
En primer lugar el lugar de autoridad es mucho más difícil y complejo de sostener en la actualidad. La autoridad monolítica del patriarcado estaba acompañada de un mundo jerárquico y predescible Ahora vivimos en un mundo globalizado signado por la incertidumbre y la falta de certezas. Los padres atravesados por la inseguridad y la crisis dudan y flaquean frente a sus hijos.

En segundo lugar no es tarea fácil la construcción de este nuevo modelo de autoridad compartida. Antes el hombre mandaba y la mujer y los hijos obedecían. Ahora la autoridad de los padres dentro de la familia está compartida por el hombre y la mujer y ya no se produce por decreto, sino que debe ser construida todos los días. Ambos padres deben aprender a construir normas y consensos entre ellos, y también a incluir y respetar los deseos de sus hijos. Por eso son necesarios la duda y la interrogación, la consulta y la comunicación, la manifestación de los afectos y la inclusión de los deseos del otro.
En tercer lugar el modelo autoritario está todavía íntimamente arraigado en nuestra sociedad. El concepto de autoridad a nivel social ha sido profundamente degradado y asociado a la corrupción, a la impunidad y la violencia.
Como terapeuta familiar veo los intentos de las familias de salir del modelo autoritario y tal como ocurre en el resto de la sociedad todavía son más los fracasos que los éxitos. La pelea interior de los adultos contra el autoritarismo o la ausencia de sus padres les hace vivir el límite como restricción y termina produciendo como resultado hijos autoritarios.
4. “La función paterna es una cuestión de la pareja.”
El padre, ese “otro”, de la relación madre -hijo, tiene como función principal actuar como límite y separador entre los hijos y la madre, para así poder acompañarlos hacia el mundo externo, el mundo del aprendizaje, del trabajo y del dinero. La principal tarea del papá es producir con su presencia y su palabra esa separación, porque esto les permite a los hijos poder volver a aproximarse a la mamá sin temor a quedar atrapados. Esta función simbólica del padre, de límite y separación, pero a la vez de permiso para la unión, se incorpora en el interior del psiquismo y sufre transformaciones con la experiencia cotidiana. Si el padre no cumple su función los hijos se tienen que separar por ellos mismos a través de la distancia y el maltrato. Luego no se podrán entregar profundamente a ninguna relación afectiva, ni se podrán comprometer con el estudio ni el trabajo porque tendrán miedo de quedar atrapados.
Pero el papá para cumplir su función, necesita también ser avalado por la mamá. Los hijos necesitan percibir el apoyo y el acuerdo maternos para no quedar sumergidos en un conflicto de lealtades. La mamá “da el permiso para acercarse al papá.”. La función paterna, de límite sólo es recibida por los hijos cuando estos perciben el acuerdo entre los padres, estén juntos o vivan separados. Por el contrario las fisuras, los dudas las vacilaciones, pero sobre todo la no inclusión del otro determinan su fracaso. Hasta aquí tenemos la teoría. En la realidad sus múltiples fallas, producto del atravesamiento social y de las historias familiares van organizando la trama del desencuentro y también del crecimiento de cada familia.
5. “Resulta muy difícil para los padres aprender a trabajar en equipo.”
En la mayoría de los casos que los límites fracasan tiene que ver con la insuficiente inclusión de los padres entre sí. Actualmente los roles del hombre y la mujer se han flexibilizado totalmente y muchas veces se disputan el poder en vez de compartirlo. A veces “dos mamás” se superponen. Otras veces la mujer intenta poner límites y el hombre es complaciente. En otras ocasiones la mujer deja solo al papá y se queda esperando ver “pasar el cadáver de su enemigo”. Mientras tanto los hijos pagan las consecuencias de esta disputa quedando adheridos a alguno de sus padres sin poder incorporar la situación triangular, ni el “permiso para ir para afuera”.
Veamos algunas situaciones:
6. “La alianza de los hijos con el que queda afuera”
Cuando los padres actúan por separado, sin incluirse mutuamente, los hijos no incorporan el límite, hacen alianza con el que queda afuera para expulsar al que intenta limitarlos.
Primer Ej.: “El papá no incluye la percepción de la mamá.”
Un papá de 45 años, profesional, perteneciente a la generación de los 70, intentando salir del autoritarismo de sus padres, educó a sus hijas mujeres de 19 y 23, considerándolas como iguales y manteniendo con ellas un vínculo de amigo y compañero. La mayor miraba televisión todo el día y la menor desaparecía de su casa durante largos períodos de tiempo generando en sus padres intensa preocupación. La mamá intentaba poner límites y él buscaba ser comprendido y aceptado. El papá tuvo que aprender a respetar la percepción y el pedido de límites de su mujer, y dejar la alianza implícita que mantenía con sus hijas hasta ese momento, enfrentadas a la madre en un vínculo de igual a igual sin ningún límite protector.
7. “La intervención del otro miembro de la pareja como moderador”
Muchos adultos de esta generación, padres de jóvenes y adolescentes hemos educado a nuestros hijos para ser seres cuestionadores y reflexivos. Muchos han asistido a escuelas que les enseñan a pensar, a descubrir el mundo por sí mismos, a reflexionar y a no repetir mecánicamente contenidos.
Cuando los hijos educados de esta manera perciben las vacilaciones o los intentos fallidos de los padres por imponer su autoridad, aprovechan su “natural” disposición adolescente (competitiva y cuestionadora del padre del mismo sexo) para descalificarlos y expulsarlos. En estos casos es indispensable la intervención del otro miembro de la pareja para acercar a los hijos el valor de su palabra, o moderar los excesos producto de la desesperación de no ser escuchados.
Segundo ej: “La mamá no interviene entre los hijos y el papá”
El papá de 54 años, también profesional, hijo de un padre autoritario reclama ser escuchado por sus hijos varones (de 18 y 15), intenta poner límites, da largos discursos, también consejos acerca de cómo acercarse a las chicas. Se enfrenta con ellos, a veces abruptamente, después pide disculpas. La mamá, perteneciente a una familia fuertemente matriarcal, presencia las escenas en silencio, sin intervenir. En otros momentos, ella habla a solas con sus hijos, amorosa y comprensivamente. "Ellos podrán elegir", nos dice, refiriéndose a elegir la modalidad del padre o de la madre.
El mayor de sus hijos acostumbrado a enfrentar a los adultos desde un lugar de soberbia no lograba acercarse a las chicas ni interesarse vocacionalmente por nada a pesar de gozar de un excelente nivel intelectual. El menor estaba deprimido y con tics nerviosos que le impedían realizar una escolaridad normal. ¿Cuál era el problema en esta familia? Porqué los límites del padre no eran aceptados?
En este caso es la mamá, la que no intervenía en las situaciones concretas para acercar a los hijos a este papá, que se desesperaba e intentaba vanamente ser escuchado. Ella tuvo que aprender a incluirse y utilizar su natural sentido de la oportunidad para rescatar el valor del límite paterno y traducirlo en palabras comunicativas. Esto permitió rearmar nuevamente la pareja de padres en la cabeza de sus hijos. De lo contrario hasta el momento, impulsados a elegir, los hijos quedaban efectivamente ligados al mundo materno con todas sus consecuencias de apatía y retracción.

 

 

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